miércoles, junio 07, 2006

Contra Apóstatas V


Fue la orgullosa impiedad de los sodomitas, la que les llevó a despreciar las sagradas leyes de la hospitalidad para con los extranjeros. Dos ángeles han sido enviados a Sodoma para comprobar si las cosas están en realidad (Génesis 18:21)tan mal como le han sido referidas. Los dos ángeles planean pasar la noche en la calle, pero Lot los persuade de que sean sus invitados aunque él mismo no es ciudadano de Sodoma, sino sólo un residente temporal y forastero. Los hombres y muchachos de Sodoma se han dado cuenta de la presencia de los visitantes y exigen "conocer" a los extraños. Lot se siente tan perturbado con esta exigencia, que ofrece a sus hijas vírgenes a los hombres antes que permitir que sean molestados los dos visitantes que le han pedido refugio. Cuando la muchedumbre se torna violenta, los dos viajeros intervienen a tiempo. Han visto suficiente. Sodoma esta condenada a la destrucción (19:12-13).

Un levita trayendo de regreso a casa a su concubina prófuga desde Efraín a Belén, debe pernoctar en Guibeá de Benjamín (Jueces 20:6). Están preparados para acampar en la plaza de la ciudad, pero un anciano, residente forastero de Efraín, invita a su compatriota a pasar la noche en su casa. La pacífica escena es abruptamente interrumpida cuando los hombres de la ciudad exigen que el anciano traiga afuera al viajero para que lo "conozcan". El anciano se siente perturbado por el pedido y les ofrece a su hija virgen y a la concubina del levita antes que traer afuera a su invitado. Los hombres de Guibeá insisten hasta que el hombre empuja afuera a su concubina. La "conocen" y a la mañana siguiente aparece muerta. La "abominación" genera tal furor, que el pueblo de Israel le declara la guerra a Guibeá a raíz del incidente (20:19-20)

En nuestros días de Laodicea, de tibieza, de soberbia y autosuficiencia, necesitamos percatarnos, no sea que esta misma falta de hospitalidad se convierta en característica de nuestra ciudad. En medio de las complicadas y agobiantes condiciones de vida del presente, la grosera falta de hospitalidad, puede hacerse más difícil de justificar para quienes reclaman, precisamente, el derecho a su amor libremente y a su "amarse" con todo el mundo. Entre los cristianos primitivos, se dice, que la hospitalidad era un rasgo de sus vidas tan marcado, que aún los gentiles de alrededor los admiraban por ello. ¿Estuvieron los primeros cristianos (iglesia primitiva) en mejores circunstancias que nosotros para practicar la caridad? ¿Y son las exhortaciones en las Escrituras en cuanto a la hospitalidad de menor aplicación a nosotros en nuestros dias de prueba que a ellos en sus días de persecución y martirio? Examinemos de nuevo seriamente la cuestión.